4/7/16

Niños que sueñan vestir la Vinotinto se desmayan en la cancha por hambre


El Estimulo (@JohaOsorioH).-

Brayan, Miguel, Kelvin y Wilfraklin quieren jugar en la Vinotinto, como Juan Arango o Tomás Rincón, y le dan forma a sus sueños en los campos de fútbol de Petare, junto a más de 3.000 jóvenes. Sin embargo, los cuatro solo comen una o, con suerte, dos veces al día. Como consecuencia se han desmayado en las prácticas. La precaria situación económica del país ha alcanzado sus hogares y, poco a poco, atenta contra sus posibilidades de defender el tricolor nacional.

El reloj marca las 7:00 am cuando Brayan se levanta a preparar el desayuno de sus cuatro hermanitos: Abraham, Sharon, Andrea y Valentina. Tiene solo 11 años, pero mamá y papá ya no están en casa, pues salen a trabajar a las 3:30 am; a partir de este momento es el encargado de las labores del hogar. El pequeño, habitante del barrio El Winche, del kilómetro 18 de la carretera Petare-Santa Lucía, monta las arepas en el budare: la primera de dos comidas que ingerirán durante el largo día.

“Desayunamos muy temprano porque mis hermanos estudian en la mañana –en el colegio Generalísimo Francisco de Miranda. Yo me quedo cuidando a la niña (Valentina, de 3 años), y cuando ellos llegan me voy a estudiar yo”, relata el niño de cuerpo delgado y corta estatura. “Cuando hay comida, almorzamos a las 12 del mediodía”. ¿Y cuándo no hay? “Abraham y yo salimos a tumbar mangos detrás de la casa, los hervimos y comemos como jalea”. El mismo procedimiento aplica cuando consiguen yuca o ñame, que ellos mismos han sembrado en un terreno trasero.


El panorama empeora cuando lo poco que tienen no alcanza. “Si no hay mucho, mi hermano y yo no comemos para que puedan desayunar las niñas”, confiesa Brayan. Pese a sus cortas edades, los pequeños han debido asumir las riendas de una niñez truncada por el hambre. La cena no compensa la malnutrición. Comen plátano sancochado, arepa y cuando hay, arroz o pasta. “La semana pasada mi mamá pudo traer alitas y carne molida”, cuenta con la emoción de quien rememora un buen momento. “Pero solo alcanzó para un día”.

Brayan habla con bastante fluidez, y una triste naturalidad, sobre el tema; pero enmudece cuando se le interroga sobre la responsabilidad que tiene sobre sus jóvenes hombros. No obstante, su sueño es su bandera. “Quiero ser futbolista, y sé que si entreno fuerte, estudio y no me porto mal, puedo ser un gran jugador”.

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